Mientras la mayoría de los países en el mundo han impuesto
medidas estrictas a sus ciudadanos para tratar de frenar el avance del COVID-19,
en Suecia el Gobierno ha optado por asumir una posición relajada, y
prácticamente no ha adoptado medidas fuertes para evitar el contacto físico en
su población.
Los colegios y universidades permanecen abiertos, los
esquiadores se suben a las tablas, el transporte público fluye con normalidad y
los restaurantes continúan sirviendo el menú del día. El Gobierno
socialdemócrata ha decidido confiar en la responsabilidad individual de los
suecos para evitar el avance de la enfermedad.
El principal epidemiólogo de Suecia, Anders Tegnell, argumenta
que el objetivo en su país es “aplanar la curva” para evitar que se desborden
los hospitales. A partir del jueves, dijo que la curva está “comenzando a ser
algo más empinada, pero en general “sigue siendo “bastante plana”.
No obstante, a medida que la cifra de fallecidos aumentó a
401 hasta este domingo, en términos per cápita, una tasa de mortalidad más alta
que la de Estados Unidos y ligeramente por detrás de la de Irán, las críticas se
han incrementado.
La semana pasada, 2.300 médicos y académicos, incluido
Carl-Henrik Heldin, jefe de la fundación Nobel, publicaron una carta abierta en
la cual instaron al gobierno a cambiar de estrategia. Algunos pidieron que se
cerrara Estocolmo, después de que más de 50 personas mayores en sus residencias
murieran por coronavirus. “No estamos aislando lo suficiente, hemos liberado el
virus”, advirtió la profesora Cecilia Söderberg-Nauclér, investigadora de
inmunología de virus en el Instituto Karolinska. “Nos están llevando a la
catástrofe”, agregó.
Al respecto, este domingo Stefan Lofven, primer ministro de
Suecia, dijo que aunque la propagación de la enfermedad había sido más lenta en
el país escandinavo, eso no significaba que morirían menos personas. “Tendremos personas más gravemente enfermas
que necesitan cuidados intensivos”, manifestó al periódico Dagens Nyheter. “Estamos
enfrentando miles de muertes. Necesitamos prepararnos para eso”, enfatizó.
En esta línea, hay indicios de que Suecia está endureciendo
las restricciones. El tamaño máximo de los eventos masivos se redujo de 499 a
49 y se les instruyó a los bares y restaurantes que solo ofrecieran servicio de
mesa. Además, varias instituciones culturales han cerrado por su propia
voluntad. Las visitas a hogares de ancianos están prohibidas y Lofven dejó en
claro que pueden seguir medidas más estrictas.

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